Cuando Flavino Ríos Alvarado logró cumplir su sueño de ser
gobernador de Veracruz, jamás pudo ocupar la oficina de mandatario, pues las
huestes del entonces gobernador electo le armaron un “pancho” y se apoderaron del
palacio de gobierno.
Así, el tramo final de la administración anterior fue un
caos, pues Ríos Alvarado, en lugar de hacer un legítimo reclamo al respecto, se
limitó a decir, con el cinismo que caracteriza a los de su clase que “se puede
gobernar desde el teléfono celular”.



