No lo dejan gobernar

Margarito Escudero Luis

Cuando Flavino Ríos Alvarado logró cumplir su sueño de ser gobernador de Veracruz, jamás pudo ocupar la oficina de mandatario, pues las huestes del entonces gobernador electo le armaron un “pancho” y se apoderaron del palacio de gobierno.

Así, el tramo final de la administración anterior fue un caos, pues Ríos Alvarado, en lugar de hacer un legítimo reclamo al respecto, se limitó a decir, con el cinismo que caracteriza a los de su clase que “se puede gobernar desde el teléfono celular”.


Luego fue víctima del encono del nuevo gobernador, pisó la cárcel y, de no ser por algunas obvias negociaciones, Ríos Alvarado aún estaría encerrado.

El sueño dorado de Miguel Ángel Yunes Linares, era ser gobernador de Veracruz, aunque ya estuvo muy cerca de serlo cuando fue secretario de gobierno en el chirinato.

Tan cercano que ha estado al poder, Yunes Linares debe saber que en política, el que la hace la paga, tarde o temprano llega el desquite y el tiempo de pagar.

Y lo anterior viene al caso ahora que vemos como se deshace la entidad veracruzana en manos de la violencia, dígase lo que se diga, la percepción ciudadana es que nuestro estado está sumido en la ingobernabilidad, que el mandatario se ha dedicado más a la grilla, a la confrontación con diferentes personas y que más le interesa sacar su proyecto de heredar el gobierno a su hijo, que en afrontar su deber de gobernar y administrar el Estado.

Es decir que, a pesar de que Yunes Linares pudo entrar al despacho del gobernador, no le han dejado en paz al Estado, por todos lados le saltan focos de violencia, sangre por doquier, muertos, balazos a plena luz del día, sin que la gente vea una estrategia fuerte para combatir ese crimen que mantiene a los veracruzanos con el Jesús en la boca.

Además debe enfrentar reclamos ciudadanos constantes y ha preferido usar la fuerza bruta para reprimir cualquier intento de protesta, tanto que sus policías han disparado contra la población que sale a exigir que se les preste atención.

Entonces, se afianza la idea entre la población de que al gobernador no le interesa la gente, que la policía sólo se atreve a disparar contra personas indefensas, pero no es capaz de enfrentar a los malandros que andan matando gente por toda la entidad.

LLEGA DUARTE
Por otro lado, la actitud del ex gobernador Javier Duarte durante su proceso de extradición de Guatemala, prende los focos rojos, pues al gordito se le vio muy seguro de llegar a México a poner en su lugar al Yunes que dice lo metió al bote.

Al parecer, se le presenta nuevamente la oportunidad al gobernador de mostrarse bravucón y pendenciero para continuar con sus acostumbradas cortinas de humo, será un nuevo evento de dimes y diretes entre el ex y el actual, acusaciones mutuas pero con alguien de su misma calaña, con cobertura masiva por parte de los medios de comunicación, que de manera involuntaria (o voluntariamente) ocultarán los problemas que aquejan a los ciudadanos veracruzanos.

DUARTE LOCO
Aunque es bueno recordar que en días pasados, durante el encierro de Javier Duarte en Guatemala, se había especulado sobre afectaciones en su salud mental, lo que puede ser un argumento que justifique el cinismo y la alegría que demostró en su audiencia de extradición y, finalmente pueda alegar su defensa una locura que le permita evadir los juicios que tiene pendiente con la justicia mexicana.


Ya veremos.

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